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Los guardias de la prision de William C. Holman pensaron que queria orar y arrepentirse, asi que le dieron una copia antigua de la biblia. Contra todas las expectativas, el asesino condenado comenzo a arrancar las hojas y a comerselas. Tomo horas para masticar y tragarse las 1200 paginas, incluyendo la portada.

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