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Investigadores de la Universidad Koroliov (Samara, Rusia) han desarrollado un propulsor espacial para satélites que pesen menos de 10 kilogramos que se alimenta con una mezcla de agua y alcohol, informa la agencia TASS.

De manera simultánea, esos especialistas realizan pruebas del prototipo y diseñan el nanosatélite experimental manipulable SamSat-M, que repleto de combustible suma 1,55 kg.

La mezcla no es autoinflamable ni tóxica. Así, la baja masa molecular del agua facilita una alta velocidad de efusión y, en consecuencia, beneficia a la maniobrabilidad. Por su parte, el hecho de que posea un 40% de alcohol —como el vodka— previene que la sustancia se congele con las bajas temperaturas del espacio.

Este propulsor ampliaría de manera sustancial las capacidades de los nanosatélites. Por ejemplo, una agrupación de esos dispositivos podría estudiar los campos geofísicos, la termosfera y la ionosfera de la Tierra para pronosticar desastres naturales o inspeccionar el estado técnico de aparatos espaciales en órbita.

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