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Ötzi, el ‘hombre de hielo’ de hace 5.300 años cuyos restos fueron encontrados en 1991 en los Alpes italianos, ha sido sometido a diversos análisis morfológicos, radiológicos y moleculares que han revelado información detallada sobre el estado de salud que tenía en vida.

A pesar de sufrir diversas condiciones patológicas —una dentadura deteriorada, problemas en las articulaciones, dolencias gastricas, entre otras— el nuevo estudio ha revelado varios patrones que sugieren que su cultura ya había desarrollado un sistema de atención primitivo para combatir y aliviar enfermedades.

Esta nueva investigación, publicada en la revista International Journal of Paleopathology, permitió observar más de cerca los 61 tatuajes que decoran el cuerpo de Ötzi. Todos ellos fueron hechos con una mezcla de carbón y hierbas y se componen de líneas negras dispuestas paralelamente, formando grupos de dos y hasta de cuatro líneas.

Los expertos revaluaron cuidadosamente sus diversos problemas de salud y los compararon con la ubicación y cantidad de tatuajes, viendo así que algunas líneas estaban directamente sobre sus muñecas y tobillos —que tenían evidente presencia de procesos degenerativos— y muchos se situaban en puntos usados en la acupuntura, por lo que se cree que se trataban de una forma temprana y primitiva de esta práctica típica de la medicina tradicional china.

Estudios previos descubrieron que Ötzi había ingerido o llevaba consigo entre sus pertenencias una serie de medicamentos que incluían rastros de un tipo de hongo —Polyporus fomentarios— que podía haber usado para calmar la inflamación o como antibiótico. Los científicos también encontraron en su estómago helecho Pteridium —una planta tóxica para los humanos—, que, al parecer, consumió para purgar su organismo de parásitos intestinales como la tenia.

Esa práctica basada en agujas combinada con un uso sofisticado de plantas y hongos para tratar dolencias sugiere que Ötzi formaba parte de una cultura con ciertos conocimientos en anatomía y patología. Es probable que esta metodología se desarrollara a través de un enfoque dedicado y sistemático de ensayo y error, que se transmitió de generación en generación en la sociedad en la que vivió Ötzi. No obstante, se desconoce si algunos de estos procedimientos realmente funcionó.

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